PB- T4 La Evolución

La causa de la diversidad de los seres vivos ha sido una cuestión abordada desde distintos ámbitos a lo largo de la historia. En la actualidad, por variados motivos, perviven en la opinión pública diferentes ideas acerca de esa diversidad orgánica. Sin embargo, para la Psicología y el resto de las ciencias, sólo son válidas aquellas causas puestas de manifiesto a través de la aplicación del método científico. Por ello, la única explicación aceptada por la comunidad científica actual es la Teoría de la evolución por medio de la selección natural, propuesta por Charles Darwin, en 1859, y desarrollada posteriormente en la que se conoce como Teoría Sintética de la Evolución. La gran aportación de Darwin fue descubrir el mecanismo de la selección natural como motor de la evolución. Con la teoría darwinista se creó el marco que da unicidad a la actividad de todas aquellas ciencias cuyo objeto de estudio son los seres vivos y las propiedades que, como el comportamiento, algunos manifiestan. Ello ha permitido que desde su publicación en 1859, la teoría propuesta por Darwin se haya enriquecido notablemente con las aportaciones de ciencias como la Genética, la Sistemática, la Paleontología, etc., que han contribuido a aumentar notablemente el poder explicativo de la teoría darwinista convirtiéndola en lo que hoy conocemos como Teoría sintética de la evolución.

Aunque la diversidad orgánica se ha intentado explicar desde distintos ámbitos, sólo la Teoría de la Evolución por selección natural, da una explicación aceptada por el conjunto de disciplinas científicas, entre las que se incluye la Psicología. Esta teoría representa el conjunto de leyes y principios que explican el origen de las especies, entendiendo el término evolución, no como progreso en una dirección determinada, sino como cambio en la diversidad y adaptación de las poblaciones de organismos o la transformación de unas especies en otras, sin más objetivo que el de mantenerse vivas generación tras generación.

Desde el eclipse de la cultura clásica hasta los siglos XVI Y XVII, la explicación bíblica del origen de las especies era la aceptada. Sin embargo, las revoluciones científicas producidas en los siglos XVI Y XVII pusieron de manifiesto que el universo no estaba hecho a la medida del hombre ni representaba una estructura estática e inamovible. Este cambio en el panorama de la realidad que la ciencia planteaba favoreció el desarrollo del clima crítico necesario para la aparición de hipótesis naturales del origen de las especies. La primeras pertenecientes al denominado transformismo radical eran descabelladas y abogaban por la idea de la generación espontánea, sosteniendo que las nuevas especies podían proceder directamente de otras ya existentes. En contraposición, el fijismo, propugnaba una concepción estática de los seres vivos, acorde con la idea bíblica. Dentro de este contexto nace el concepto tipológico de especie, que la define como una idea abstracta, platónica, presente en la mente divina. Los fijistas retoman el concepto de scala naturae, propuesto por Aristóteles, bajo el cual en la creación de los seres vivos había primado una escala de perfección, desde lo más simple e inferior a lo más complejo y superior, ostentando el hombre el puesto más relevante de esta escala.

A medida que aumentaba la actividad taxonómica, crecieron también las pruebas y evidencias de que en las especies existía un buen número de variantes que se apartaban del tipo de referencia que determinaba la especie y que no eran meras degeneraciones abocadas a desaparecer. Finalmente, la ciencia natural de principios del siglo XIX abandona definitivamente los planteamientos catastrofistas al contar con importantes pilares para sustentar el desarrollo del estudio científico del origen de las especies: 1) estimación de la edad de la Tierra en centenares de millones de años; 2) existencia en eras geológicas pasadas de seres vivos distintos de los actuales; 3) continuidad de la vida a lo largo de la historia de la Tierra; 4) no inmutabilidad de las especies: pueden experimentar variaciones; y 5) los seres vivos, a pesar de ser muy distintos entre sí, presentan características anatómicas y fisiológicas parecidas. En este nuevo contexto, Lamarck plantea la primera hipótesis de la evolución con cierto sustento científico, proponiendo que el medio ambiente, al imponer continuos desafíos a los que se deben enfrentar los organismos, provoca que las especies no sean estables a lo largo del tiempo y se transformen en otras nuevas en función de las condiciones ambientales para adaptarse a ellas. El organismo es sujeto activo en la evolución. A medida que el ambiente en que vive un organismo cambia, también lo hacen las necesidades de éste y con ello sus hábitos. Esto ocasiona, según Lamarck, una modificación de sus características anatómicas y fisiológicas. La duración de estos cambios será la misma que la de las condiciones ambientales que los impusieron. Para Lamarck estos procesos conducen a las formas vivas a un mayor grado de complejidad, a progresar, a perfeccionarse, representando el hombre el máximo exponente de esa tendencia. Los órganos de un animal serían, por tanto, consecuencia de sus hábitos y estos, a su vez, resultado del ambiente. Ello se sustenta en el falso principio de que la función crea el órgano o "ley del uso y desuso". La causa de la evolución es para Lamarck, el deseo de cambio, de mejora, inherente en todos los organismos que les llevaría a lograr una mejor adaptación a su medio ambiente. Es decir, el deseo se materializaría en la adquisición de adaptaciones anatómicas o fisiológicas que serían transmitidas a la descendencia, de ahí que a la explicación dada por Lamarck se la conozca también como la herencia de los caracteres adquiridos. Cada organismo representaría una línea evolutiva diferente con origen en la generación espontánea y final en la perfección. La adaptación es un medio para alcanzar ese fin. El registro fósil lo que nos muestra, según Lamarck, son los distintos peldaños, los antepasados "imperfectos" de los organismos actuales y no especies extintas. Por tanto, la evolución para Lamarck sería determinista, programada, y su objetivo no otro que alcanzar la perfección. Bajo este punto de vista, el paisaje actual de seres vivos vendría a representar una ordenación jerárquica: de lo menos perfecto a lo más perfecto, siendo el hombre el representante de esta última posición.

El viaje a bordo del Beagle permitió a Darwin recopilar una ingente cantidad de muestras y observaciones y tener una visión de primera mano acerca de la Naturaleza. Después, durante 25 años trabajó minuciosamente sobre el material recogido, recopiló nuevas pruebas y diseñó experimentos para corroborar sus hipótesis. Asimismo, llevó a cabo la síntesis de la información disponible en todos los campos relacionados, desde los trabajos de otros naturalistas a las actividades de los criadores de ganado.

Gracias a los datos recopilados de su viaje a las Islas Galápagos, Darwin pudo descubrir que la existencia de variaciones intraespecíficas permiten a los seres vivos enfrentarse a nuevas condiciones ambientales, ocupando nuevos nichos ecológicos vacíos y que el aislamiento geográfico propicia la consolidación de las nuevas variedades. Darwin, al contrario que Lamarck, considera que existen cambios precedentes (la variabilidad natural que presentan las poblaciones) que resultan ser más adecuados en unas variedades que en otras al nuevo ambiente, permitiéndoles una utilización más eficiente de los recursos. Ello conduce a una mayor supervivencia y más probabilidad de dejar mayor número de descendientes en la siguiente generación, posibilitando la diferenciación paulatina que conducirá a la aparición de una nueva especie. Para Darwin, las especies recién formadas no son sino variedades muy marcadas y persistentes que en un principio sólo fueron variedades menos acusadas de una misma especie. La variabilidad fue pues uno de los pilares sobre los que asentó su Teoría de la Evolución. Aunque Darwin desconocía los mecanismos de la herencia biológica propuso como condición necesaria para el cambio evolutivo la existencia de un mecanismo que permitiese que la variabilidad se heredase de generación en generación.

La lectura de los libros Principios de Geología de Lyell y el Ensayo sobre el principio de la población de Malthus fueron decisivas para dar el contexto adecuado al conjunto de datos y observaciones recopiladas a lo largo de los años. En la primera obra se establece que las leyes geológicas, al igual que el resto de las leyes naturales, son constantes y eternas y, por tanto, la mejor forma de explicar el pasado de la Tierra es recurriendo a los procesos naturales que observamos en la actualidad, los cuales conducen, en términos generales, mediante cambios lentos y graduales, y durante largos períodos de tiempo, a alteraciones espectaculares de la fisonomía de la Tierra. En el Ensayo sobre el principio de la población se pone de relieve la tendencia de las poblaciones a crecer desmesuradamente si las condiciones así lo permiten, es decir, siempre y cuando los recursos sean ilimitados y la integridad de los individuos que la componen no sea puesta en peligro por cualquier causa distinta a los recursos.

Con todo ello Darwin consigue plantear la Teoría de la Evolución por medio de la selección natural que plasma en su obra, publicada en 1859, El origen de las especies, y que se puede resumir de la siguiente forma: 1) el crecimiento de las poblaciones tiene como límite la cantidad de recursos disponibles; 2) la limitación de recursos establece una lucha por la existencia en la que los individuos que porten rasgos que permitan afrontar mejor las condiciones adversas del entorno (hambre, enfermedad, condiciones climáticas extremas, depredadores, etc.) tendrán más probabilidades de sobrevivir y reproducirse; 3) los descendientes tienden a heredar los caracteres de los progenitores, entre ellos los favorables, y a trasmitirlos a las siguientes generaciones; 4) aquellos individuos cuyos rasgos les son desfavorables en la lucha por la supervivencia tienen menos probabilidades de llegar a la edad reproductiva y, por tanto, de transmitir esos rasgos a la siguiente generación, rasgos que, de esta forma, tenderán a desaparecer de la población; y 5) tras muchas generaciones el proceso que favorece unos rasgos y elimina otros de la población hace que se transforme paulatinamente la especie en otra nueva. A la preservación de las diferencias y variaciones individuales favorables, y la destrucción de las que son perjudiciales mediante la reproducción diferencial de los organismos, es a lo que Darwin denominó selección natural.

La Teoría de la Evolución de Darwin establece una relación de parentesco entre todos los organismos. Las especies actuales son la consecuencia de la divergencia adaptativa gradual y continua de otras especies predecesoras. No se originan por la acumulación aleatoria de variantes fortuitas, sino a través del proceso de la selección natural. La genialidad de Darwin consistió en descubrir, junto con Wallace, un principio universal, simple y sencillo, como el de la selección natural. Sin embargo, su teoría presentaba aspectos poco ajustados a la realidad acerca de dos cuestiones importantes: el origen de la variabilidad y su herencia. Para él, las diferencias entre los individuos de una misma población, eran por el azar y por el uso y desuso. Darwin encontró la causa de la evolución y no las leyes de la herencia o el origen de la variabilidad. Por tanto, no tenemos que restar importancia a su teoría por el hecho de que esas dos cuestiones quedasen sin solución. Como venimos diciendo desde el comienzo de este capítulo, la contribución de Darwin fue fundamental a la hora de resolver el problema de la evolución al proponer el principio explicativo de la misma. Es decir, el principio de la selección natural.

En la primera mitad del siglo xx se suceden toda una serie de descubrimientos y aportaciones teóricas en el campo de la Genética, la Sistemática y la Paleontología que consolidan definitivamente la teoría de la evolución por selección natural en la denominada Teoría Sintética de la Evolución.

Una comprensión apropiada de la naturaleza humana pasa por encuadrar al hombre dentro del contexto de la evolución. La contribución de la teoría de la evolución por selección natural al estudio del comportamiento ha sido muy diversa. Darwin resalta la gran importancia del estudio de la conducta a la hora de afrontar el de la evolución de los organismos; describe por primera vez las pautas de acción fija; analiza el significado biológico de la expresión involuntaria de las emociones en el hombre y la uniformidad con que se expresan en todas las culturas los diferentes estados mentales; y resalta el valor que para la supervivencia tienen las emociones desde el punto de vista de sus propiedades motivadoras. Para Darwin todos estos hechos se explican bajo la perspectiva de que las conductas tienen una lógica y subsisten las que tienen mayor valor adaptativo. Con todo ello dio un nuevo sentido al estudio de la conducta animal y humana y contribuyó decisivamente a la aparición de nuevas disciplinas como la Psicología Comparada, la Etología y la Ecología del Comportamiento. También propició el desarrollo de la Psicología Diferencial y los test de inteligencia, la Genética de la Conducta y la Psicología Evolutiva. Así mismo, permitió la utilización de modelos animales pues a través de esta teoría no sólo se infiere la equivalencia, sino también la similitud de las características anatómicas y funcionales del hombre y del resto de los animales.

El estudio de la herencia, como uno de los pilares en los que se asienta la teoría de la evolución, es abordado desde la Genética de Poblaciones. Una población es un conjunto de individuos que se reproducen entre sí y viven en el mismo espacio y tiempo. El acervo génico (pool génico) de una población, es el conjunto de todos los alelos de la totalidad de los genes de los individuos que componen esa población. A la frecuencia relativa que tiene cada uno de los genotipos posibles de una población se le denomina frecuencia genotípica. La representación que tiene un alelo con respecto al conjunto de variantes de un determinado locus es lo que se denomina frecuencia alélica o frecuencia génica. Para un locus con dos alelos se cumple que la frecuencia de uno de los alelos será p = G + 1⁄2 H, siendo G la frecuencia del genotipo homocigoto de ese alelo y H la del heterocigoto. Si la frecuencia del otro alelo es q, se cumple que: p + q = 1, por lo que: p = 1 – q y q = 1 – p.

La ley del equilibrio génico establece que las frecuencias génicas y genotípicas de una población se mantienen constantes generación tras generación siempre y cuando el tamaño de la población sea lo suficientemente grande, los apareamientos se realicen al azar, no haya diferencias en la capacidad reproductora de los genotipos y no se produzca mutación de un estado alélico a otro. Su expresión matemática es: p2 + 2pq + q2 = 1. Sólo en el caso de que la población esté en equilibrio podremos calcular las frecuencias genotípicas a partir de las frecuencias alélicas.

La variabilidad hallada en las poblaciones es consecuencia de varios factores: las mutaciones génicas, genómicas y cromosómicas, y la recombinación. Las mutaciones génicas son las causantes de la aparición de nuevos alelos. Para que una mutación contribuya a incrementar el acervo génico de la población debe ser trasmitida por los gametos. De esta forma, se producirá un aumento de la variabilidad genética de la población que ocasionará variabilidad fenotípica sobre la que podrá actuar la selección natural. La mutación tiene carácter preadaptativo, es decir, no aparece para adaptar a los organismos al medio ambiente, aparece al azar y la selección natural se encarga de determinar su valor de cara al éxito reproductivo de los individuos que la portan. No es considerada como un factor que produzca cambios espectaculares en las frecuencias alélicas por sí sola.

El origen del aumento de la cantidad de ADN se debe muy posiblemente a mutaciones cromosómicas estructurales (deleciones, duplicaciones, inversiones y translocaciones) y numéricas (haploidía, poliploidía y aneuploidía). A través de ellas se consigue la duplicación de genes. Ello aumenta la longitud de los cromosomas con nuevos genes, en principio idénticos a los antiguos preservan la función original que desempeñaban en el organismo.

El resultado de la recombinación génica es la aparición de individuos que representan una combinación nueva de alelos, un nuevo barajado de fenotipos que es expuesto a la acción de la selección natural. De esta forma la recombinación genera una enorme cantidad de diversidad genética que permite mayores posibilidades de adaptación y, por tanto, más probabilidades de evolucionar.

La selección natural se define como la supervivencia y reproducción diferencial de los individuos de una población. Su consecuencia es la aparición de diferencias en el número de descendientes que pueden sobrevivir hasta ser reproductivamente fértiles. La selección natural actúa sobre el individuo. Su efecto se cuantifica a través de la eficacia biológica (w), que es el número relativo de descendientes que aporta un organismo a la siguiente generación. Es un valor sólo aplicable a una población concreta y a un momento determinado. Al efecto que ejerce la selección sobre la eficacia biológica de un genotipo se le denomina coeficiente de selección (s). La relación que hay entre la eficacia biológica y el coeficiente de selección es: w= 1- s. La selección natural modifica las frecuencias alélicas y genotípicas.

La adaptación es el proceso mediante el cual se consigue una interacción más eficiente con el ambiente, permitiendo a los organismos enfrentarse con más probabilidades de supervivencia a las tensiones medioambientales. Generalmente está asociada estadísticamente con una mayor eficacia biológica, aunque no siempre tiene por qué ocurrir así.

Analizando el efecto que la selección natural ejerce sobre la distribución fenotípica de los caracteres continuos de una población se distinguen tres tipos de selección natural: direccional, estabilizadora y disruptiva. La selección natural direccional actúa eliminando a los individuos de una población que presentan una característica situada en uno de los extremos de su distribución fenotípica. Un ejemplo de ella es el melanismo industrial. La selección natural estabilizadora ejerce su acción en contra de los individuos de ambos extremos de la distribución fenotípica de una población, favoreciendo, como consecuencia, el mantenimiento de las características intermedias de la misma. Es la responsable de que una población permanezca sin cambios, favoreciendo la permanencia de las características más comunes de la misma a lo largo del tiempo. Un ejemplo de ella son los llamados fósiles vivientes o el peso de los bebés al nacer. La selección natural disruptiva actúa a favor de los individuos de los extremos de la distribución fenotípica de una población y en contra de los individuos con fenotipo intermedio. Este tipo de selección natural permite a las especies responder a la heterogeneidad ambiental, provocando adaptaciones a diferentes subambientes. Ello conduce a un aumento de la variabilidad que se plasma en la aparición de polimorfismos. Las variantes enzimáticas de Drosophila son un ejemplo de esta selección.

La selección sexual es un caso de selección natural ya que se traduce, al igual que los otros tipos de selección natural, en un aumento o disminución de la eficacia biológica, pero, en este caso, se seleccionan aquellas características que confieran una ventaja con respecto al apareamiento. Es, en sentido amplio, cualquier desviación del apareamiento aleatorio entre los individuos de una población. Causa el dimorfismo sexual encontrado en un buen número de especies animales.

Cuando en una población un determinado locus presenta dos o más alelos, cada uno con una frecuencia mayor que la que podría mantenerse sólo por mutación (superior al 2-5%), se dice poblaciones de una forma permanente a lo largo del tiempo debido a un mantenimiento activo de la selección natural, se les llama polimorfismos equilibrados. Los procesos de selección natural implicados son: la superioridad del heterocigoto y la selección natural dependiente de frecuencia. La superioridad del heterocigoto ocurre cuando la selección natural actúa contra ambos homocigotos, aumentando la eficacia biológica de los heterocigotos. Como consecuencia de ello, la población será polimórfica para el locus en cuestión. La anemia falciforme es un ejemplo de ella. La selección natural dependiente de frecuencia ocurre cuando la eficacia biológica de un genotipo cambia de acuerdo con su frecuencia. Este tipo de selección conduce a que un determinado genotipo tenga más eficacia biológica cuando es raro (frecuencia genotípica baja) que cuando es habitual (frecuencia genotípica alta). El comportamiento sexual de la mosca de la fruta y la relación depredador-presa, son ejemplos de ella.

Desde un punto de vista genético, la migración de individuos de una población consiste en un flujo de genes hacia dentro o hacia fuera de esa población. Si dos poblaciones tienen las mismas frecuencias alélicas, la migración al azar de individuos de una hacia otra no tendrá consecuencia sobre las frecuencias alélicas de la siguiente generación. Sin embargo, si las frecuencias alélicas de dos poblaciones son distintas, los procesos de migración harán que la población receptora experimente un cambio en sus frecuencias génicas.

La deriva genética ocurre cuando las frecuencias génicas cambian por razones meramente aleatorias. Una consecuencia extrema de la deriva genética es el efecto fundador, suceso que ocurre cuando se establece una población a partir de muy pocos individuos y que provoca que los cambios se produzcan con más rapidez que en las poblaciones grandes. El efecto de cuello de botella se produce cuando las poblaciones ven mermados drásticamente sus efectivos. Puede llevar a la extinción de la especie o favorecer, por esa reducción del número de individuos, un proceso de deriva genética.

Hasta ahora hemos estudiado cómo la mutación, la selección natural, la deriva genética y la migración alteran las frecuencias génicas de las poblaciones, haciendo que cambien gradualmente causando lo que se denomina microevolución. Sin embargo, aunque contribuyen y son necesarios, estos procesos no explican por sí mismos y de forma completa la aparición de las especies, es decir la macroevolución. A partir de este punto nos centraremos en los procesos implicados en la aparición de las especies, es decir, en la especiación.

No podemos empezar a hablar de especiación sin definir claramente que es una especie. En principio parece que el concepto de especie no es algo que dé lugar a discusión. Todos parecemos entender el significado de la palabra especie y no pensamos que nuestra idea difiera de la de otras personas. Sin embargo, cuando se trata de hacer operativa esa idea objetivándola y plasmándola en una definición, la cuestión no resulta tan sencilla. ¿Qué es una especie? ¿Un conjunto de individuos que viven juntos y se parecen morfológicamente? Los criterios del aspecto y lugar no parecen ser muy adecuados para ponernos de acuerdo acerca de lo que es una especie. El término especie proviene del vocablo latino species, que significa aspecto, apariencia. Esta acepción es un buen reflejo de la idea que primó hasta el siglo xx. La especie era un concepto clasificatorio del mundo vivo, un conjunto de animales que presentaban el mismo aspecto, el cual había permanecido inmutable desde su creación. Era el concepto tipológico de especie que ya se ha discutido en el anterior capítulo.

La teoría sintética aportó el concepto biológico de especie según el cual ésta es una comunidad de organismos reproductivamente aislada cuyos miembros pueden cruzarse entre sí y obtener descendencia fértil. En sentido amplio, una comunidad reproductora, ecológica y genética. Este concepto introducido por Mayr, en 1942, supone una definición clara, precisa y objetiva que elimina los problemas que los criterios meramente morfológicos suponen a la hora de adscribir a un organismo a una u otra especie. Éstas dejan de ser entidades abstractas, estáticas y artificiales, recursos de los taxonomistas para estudiar el mundo vivo, y pasan a formar parte del mundo real, biológico.

La microevolución es consecuencia de la mutación, la selección natural, la deriva genética y la migración. La macroevolución engloba a aquellos procesos que hacen que aparezcan nuevas especies.El concepto biológico de especie define a ésta como una comunidad de organismos reproductivamente aislada cuyos miembros pueden cruzarse entre sí y obtener descendencia fértil. En sentido amplio, una comunidad reproductora, ecológica y genética. La transformación de una especie en otra se denomina especiación. Puede ocurrir a través de procesos de anagénesis o de cladogénesis. La anagénesis o evolución filética ocurre como consecuencia de la acumulación de cambios a lo largo del tiempo que hacen que una especie se transforme en otra. Este proceso suele ser consecuencia de la selección natural direccional. Por su parte, la cladogénesis, ha sido la forma más habitual de formación de las especies. Para que ocurra deben darse dos procesos indispensables: 1) la divergencia genética, y 2) el aislamiento reproductor. Se ha propuesto dos formas de especiación que consiguen ambos efectos de maneras distintas: la especiación alopátrica y la especiación simpátrica.

En la especiación alopátrica la barrera al flujo de genes entre dos poblaciones se establece por la separación física de las mismas, es decir, por el establecimiento de barreras geográficas que impiden el contacto entre los individuos de ambas poblaciones. El aislamiento geográfico permite la divergencia genética y puede ocasionar el aislamiento reproductor que impide que al volver a coexistir esas dos poblaciones en un mismo espacio haya intercambio de genes de una a otra, apareciendo entonces dos especies distintas. Si existe intercambio de genes y la eficacia biológica de los híbridos no es menor que la de los descendientes de cruces entre individuos de la misma población, la divergencia genética no ha sido importante y, por tanto, no ha habido especiación. Los mecanismos de aislamiento postcigóticos hacen que la eficacia biológica de los híbridos sea menor. Estos mecanismos pueden originar la inviabilidad del híbrido, su esterilidad o reducir su viabilidad. Los mecanismos de aislamiento reproductivo precigóticos son aquellos que impiden los cruces entre especies distintas y favorecen los llevados a cabo con individuos genéticamente equivalentes. Esto se consigue a través de aislamientos etológicos, estacionales, mecánicos, ecológicos y gaméticos.

La especiación simpátrica ocurre sin separación física. Es más habitual en plantas que en animales. El aislamiento génico y reproductivo se consigue a través de cambios en la dotación cromosómica como, por ejemplo, la poliploidía.

El termino homología hace referencia a las semejanzas que aparecen entre los organismos como consecuencia de la herencia compartida de un antepasado común. La analogía se refiere a las similitudes que existen entre los organismos, debidas a la semejanza funcional pero no a una herencia compartida.

La evolución sigue varias pautas. La evolución convergente, en algunos casos paralela, conduce a cambios adaptativos en distintos organismos que solucionan de una forma similar e independiente, problemas semejantes. Explica, por ejemplo, los casos de analogías. La coevolución es otra pauta evolutiva consistente en la interacción entre dos o más especies distintas que desencadena una presión selectiva de unas sobre otras La evolución de las especies se produce a distintos ritmos. En la mayoría de los casos el cambio es gradual y lento, sin embargo, en ocasiones, como en el caso de la radiación adaptativa, se produce una diversificación rápida que conduce a que un tipo de organismo se diversifique, como consecuencia de la ocupación de nichos ecológicos vacíos. En otros casos, tal y como se señala en la hipótesis del equilibrio puntuado, las especies experimentan largos periodos de estasis, sin alteración, y periodos de cambio que conducen a la diversificación rápida de las especies.

Las especies, de la misma forma que aparecen se extinguen. La razón de esto último es que no logran superar los retos ambientales. Existen varios factores que conducen a la extinción. Uno muy importante es la disminución de la variabilidad genética pues resta posibilidades de respuesta a la especies ante los cambios ambientales. La actuación del hombre también está provocando la extinción de muchas especies y está poniendo en peligro nuestra propia supervivencia.

 

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