SO- T8 Conducta de ayuda

El estudio de la conducta de ayuda desde la Psicología Social es uno de los temas centrales en la formación de un psicólogo, que le resultará de utilidad independientemente del área profesional a la que el estudiante se dirija una vez terminada la carrera: organizaciones, clínica, y/o educativa.

Conocer los procesos que explican por qué las personas ayudan a otros, a quién es más probable que ayuden, cuándo lo hacen y cuándo no, etc., resultará imprescindible para poder contrarrestar los factores que inhiben la conducta prosocial y fomentar aquellos que la facilitan, tanto en el ámbito concreto en que el psicólogo desarrolle su trabajo como en su esfera personal.

En este capítulo se estudia un tema importante que muchas veces ha desconcertado a los psicólogos: el altruismo, o su manifestación externa, la conducta de ayuda. En efecto, desde un punto de vista conductista las conductas de ayuda de carácter altruista son difícilmente explicables puesto que, al menos en principio, no van acompañadas de un refuerzo o premio, sino, en muchas ocasiones, más bien lo contrario. Desde el punto de vista de la teoría de la evolución clásica, también eran difícilmente explicables y hubo que añadir otros conceptos para hacerlo, como “eficacia biológica inclusiva” y “altruismo recíproco”. A pesar de todo, parece indudable que el altruismo es un componente importante en las relaciones sociales humanas.

Pero, ¿en qué consiste concretamente el altruismo? ¿Existe en estado puro o siempre se busca, aunque sea indirectamente, una recompensa? ¿Por qué unas veces actuamos para resolver el problema de otra persona y otras veces permanecemos indiferentes? ¿Cómo se ve la cuestión desde la perspectiva de la persona que recibe la ayuda? En este tema se examinan algunas de las respuestas que desde la Psicología Social se han dado a estas preguntas. A continuación se indican los aspectos más importantes de cada apartado:

Conceptos básicos. Resulta importante en este punto comprender las semejanzas y diferencias entre conducta prosocial, ayuda, altruismo y cooperación.

Los orígenes de las tendencias prosociales. Hay que comprender y distinguir los tres mecanismos que se han propuesto para explicar la evolución del altruismo, así como las bases neurológicas de la empatía como estado afectivo directamente relacionado con este tipo de conducta. El altruismo supone beneficiar a otro en muchos casos a costa de uno mismo o, al menos, sin buscar el beneficio propio. Para que una tendencia así no se haya extinguido y sea adaptativa para la especie humana tienen que haberse desarrollado determinados mecanismos para reconocer a nuestros parientes o miembros de nuestro grupo cercano (a los cuales se ayudará con mayor probabilidad, según propone la teoría de la selección por parentesco), y para detectar a los posibles “tramposos” que reciben favores pero no los devuelven (como deberían hacer según la teoría del altruismo recíproco). Estos mecanismos parecen existir. Pero también ha podido evolucionar si ha facilitado la supervivencia de los grupos gracias a la cooperación entre sus miembros (selección de grupo).También es importante tener en cuenta los factores que tienen que ver con las experiencias de la persona a lo largo de su vida, en concreto los procesos que intervienen en el desarrollo del altruismo y la conducta prosocial.

.• ¿Por qué ayudamos? En primer lugar, se señala la importancia del refuerzo y la observación de modelos a la hora tanto de aprender como de llevar a cabo conductas de ayuda. Aunque no se menciona en el texto, es interesante saberque, mientras el refuerzo positivo fomenta la conducta de ayuda, el castigo (refuerzo aversivo) tiene una influencia negativa, tanto si se aplica a la conducta de ayuda (en este caso la disminuye drásticamente) como a la conducta de no ayuda (en este caso el castigo no consigue aumentar la probabilidad de ayudar, debido a que genera un estado emocional negativo incompatible con dicha conducta). El segundo lugar, se alude a la importancia de las normas sociales y personales. Con independencia del refuerzo y de la activación emocional que se aborda después, también existen unas normas o reglas culturales que indican cuándo se debe ayudar. Entre ellas se destacan la norma de reciprocidad, la norma de equidad y la norma de responsabilidad social. Para complicar la situación todavía más, cada uno de nosotros puede tener también determinadas “normas personales” que le indican cuándo y cómo debe ayudar. En este sentido, es importante conocer los pasos que establece el modelo procesual para la decisión de ayudar, donde tiene gran importancia la construcción de una norma personal para la situación concreta. Finalmente, se abordan los factores motivacionales y emocionales presentando dos posturas que tratan de explicar las conductas de ayuda. La primera es el modelo del “alivio del estado negativo”, propuesto por Cialdini y sus colaboradores. La segunda, la alternativa ofrecida por Batson con su modelo de “empatía-altruismo”. Este autor sugiere la posibilidad de que las conductas de ayuda no sólo estén provocadas, como da a entender Cialdini, por razones egoístas, sino también por razones auténticamente altruistas (ayudar al otro no sólo para reducir nuestra propia incomodidad, sino para aliviar sus necesidades). Es importante estudiar ambos puntos de vista, así como los efectos que produce la empatía en las relaciones interpersonales e intergrupales.

¿Quién es más probable que ayude? Es importante fijarse en los factores de los que depende la mayor o menor probabilidad de ayuda por parte de las personas en función del género y la cultura a la que pertenecen.

¿A quién es más probable que ayudemos? Se detallan una serie de características de la persona necesitada de ayuda que pueden influir en que se la ayude o no. Entre ellas se destacan la atracción que provoca y la semejanza con el potencial benefactor. Aquí es importante entender las estrategias que se emplean para justificar la falta de ayuda a alguien semejante. Debe leerse y comprenderse el experimento de Gaertner y Dovidio (1977), que estudia la relación entre conducta de ayuda y semejanza/diferencia racial entre la víctima y el observador. En cuanto al último aspecto relativo a las caracterísitcas del receptor de la ayuda, hay que entender la forma en que hacemos inferencias sobre el grado de merecimiento de ayuda que atribuimos a la persona en cuestión.

¿Cuándo ayudamos? Se aborda, fundamentalmente, cómo afectan las características de la situación. Es importante entender en qué consiste el denominado “efecto del espectador” y la metodología (experimental) utilizada para estudiarlo. Para ello debe leerse y comprenderse el experimento de Darley y Latané expuesto en el Cuadro 8.6. También hay que conocer el modelo de decisión sobre la intervención en emergencias, formulado por Latané y Darley para tratar de explicar qué condiciones tienen que darse para que las personas ayuden. Los cinco pasos de este modelo deben estudiarse con detalle. Ha de estudiarse también el modelo de activación y coste-recompensa, formulado por Piliavin y sus colaboradores para explicar el tipo de ayuda que se prestará en función de los costes-beneficios que implique dicha acción (en el Cuadro 8.8 aparece un resumen del modelo).

La ayuda desde el punto de vista del que la recibe. Toda conducta de ayuda implica al menos dos personas: el que proporciona la ayuda y el que la recibe. Hasta ahora nos hemos centrado en los que prestan ayuda. Este apartado se centra en aquéllos que la reciben. En primer lugar, deben estudiarse los factores que influyen a la hora de solicitar ayuda (características personales del que necesita la ayuda y del potencial donante, tipo de problema y de ayuda que se necesita, etc.). En segundo lugar, hay que entender la reacción ante la ayuda recibida, y el argumento basado en el sentimiento de amenaza a la autoestima para explicar y predecir las reacciones positivas o negativas de la gente ante la ayuda ofrecida por otros, así como las explicaciones teóricas que se han propuesto para la reacción negativa.

La conducta de ayuda grupal. Es importante comprender el cambio en la forma de entender la influencia de los grupos en la conducta de ayuda de los individuos. Hay que estudiar las características de los comportamientos de ayuda grupales, con especial atención al voluntariado, y sus diferencias con la conducta de ayuda interpersonal.

Apuntes del tema