Psicopatología

PT-16.1 Introducción

Una de las primeras aproximaciones psicológicas procede de la orientación psicoanalítica (Freud, 1928).
Pero no será reconocido internacionalmente como un trastorno mental hasta 1980 cuando la APA lo incluye en el DSM-III.
La principal causa de tan tardío descubrimiento tendría que ver con el apoyo empresarial y estatal, que ha llevado a la proliferación de estos juegos. Esto, junto con la crisis económica y el retroceso de los valores tradicionales ha provocado que cada día más gente juegue (entre el 70‐ 90%).

PT-16.2.A Conceptualización

La definición que ha logrado mayor aceptación es la de Lesieur, quien considera al jugador como aquella persona que fracasa progresiva y reiteradamente en su intento de resistir el impulso de jugar, aunque tal implicación le provoque problemas en su vida personal, familiar y sociprofesional.
Diversos autores han tratado de estructurar el proceso a través del cual una persona pasa de jugador social a patológico.
Generalmente se trata de un proceso que puede durar años, y que suele comenzar en la adolescencia.
Custer señala tres fases: ganacias, pérdidas y deseperación

PT-16.2.B Clasificación diagnóstica

Gracias a Custer, en 1980 se reconoce el juego como un trastorno psiquiátrico en el DSM-III, que lo encuadra dentro de los trastornos del control de los impulsos no clasificados en otras categorías. Lo define como un fracaso crónico y progresivo en la capacidad de resistir los impulsos a jugar y a la conducta de jugar, fracaso que compromete o altera los intereses personales, familiares y vocacionales.
DSM-III-R y DSM-IV siguen incluyendo el juego patológico como un trastorno del control de los impulsos.
Los criterios diagnósticos son diferentes si se utiliza la CIE-10.

PT-16.2.C Distintas conceptualizaciones del juego patológico

Tradicionalmente se ha considerado como una cuestión dicotómica: se es o no se es un jugador patológico.
Esta conceptualización se corresponde con el modelo médico tradicional, correspondiente al DSM-IV. El adoptar este punto de vista lleva a:

  • tener como única meta del tratamiento la abstinencia total,
  • considerarlo como atenuante en los juicios, o
  • el permitir evadir responsabilidades por parte del jugador.

Se incluyen aquí los modelos que lo consideran una enfermedad mental, una adicción adquirida o la consecuencia de una anormalidad física subyacente.

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