F60.9 Trastorno de la personalidad no especificado [301.9]

Código CIE-10: 

F60.9

Código CIE-9-MC: 

301.9

Criterios diagnósticos: 

Esta categoría se reserva para los trastornos de la personalidad que no cumplen los criterios para un trastorno específico de la personalidad.

Un ejemplo es la presencia de características de más de un trastorno específico de la personalidad que no cumplen los criterios completos para ningún trastorno de la personalidad («personalidad mixta»), pero que, en conjunto, provocan malestar clínicamente significativo o deterioro en una o más áreas importantes de la actividad del individuo (p. ej., social o laboral).

Esta categoría también puede utilizarse cuando el clínico considera que un trastorno específico de la personalidad que no está incluido en la clasificación es apropiado. Los ejemplos incluyen el trastorno depresivo de la personalidad y el trastorno pasivoagresivo de la personalidad.

 

Los criterios de investigación que se sugieren en el DSM-IV son los siguientes:

TRASTORNO DEPRESIVO DE LA PERSONALIDAD

Características diagnósticas

La característica esencial de este trastorno es un patrón permanente de comportamientos y funciones cognoscitivas depresivas que se inicia al principio de la edad adulta y se refleja en una amplia variedad de contextos.

Este patrón no aparece exclusivamente durante un episodio depresivo mayor y no se explica mejor por la presencia de un trastorno distímico.

Entre los comportamientos y funciones cognoscitivas de tinte depresivo se incluyen sentimientos permanentes de abatimiento, tristeza, desánimo, desilusión e infelicidad. Estos individuos se caracterizan por mostrarse especialmente serios, incapaces de divertirse o relajarse y sin sentido del humor.

Algunos creen que no merecen ser felices o divertirse. Es frecuente que tiendan a cavilar y preocuparse, inmersos permanentemente en su infelicidad y en sus pensamientos negativos. Estos individuos auguran el futuro tan negativamente como ven el propio presente; dudan de que las cosas puedan mejorar algún día, anticipan lo peor y, aunque presumen de realistas, los demás los describen como netamente pesimistas.

Demuestran dureza al juzgarse a sí mismos y tienden a sentirse excesivamente culpables por sus defectos y sus fracasos. Su autoestima es baja y se traduce especialmente en sentimientos de impotencia.

Los individuos con este trastorno tienden a juzgar a los demás tan duramente como lo hacen con ellos mismos, destacando sus defectos muy por encima de sus virtudes, y pueden mostrarse negativos, contrarios, críticos y dados a la censura.

Síntomas y trastornos asociados

Estos individuos pueden mostrarse tranquilos, introvertidos, pasivos, no asertivos y propensos a dejarse llevar por los demás antes de asumir el liderazgo.

Varones y mujeres resultan igualmente propensos a padecer este trastorno, y su presencia podría predisponer a la aparición de un trastorno distímico y también de un trastorno depresivo mayor.

Estos trastornos pueden presentarse a través de un espectro que empezaría con el trastorno depresivo de la personalidad e iría seguido del trastorno depresivo en el futuro.

Pruebas preliminares sugieren que el trastorno depresivo de la personalidad puede ser más prevalente en familiares de individuos con trastorno depresivo mayor, y al contrario, el trastorno depresivo mayor puede incidir más frecuentemente en familiares de individuos que padecen un trastorno depresivo de la personalidad y no un trastorno depresivo mayor.

Diagnóstico diferencial

En el DSM-IV los individuos que cumplen los criterios de investigación indicados al final de la primera referencia reciben el diagnóstico de trastorno de la personalidad no especificado.

Existe controversia acerca de la utilidad de diferenciar el trastorno depresivo de la personalidad y el trastorno distímico. Como hecho distintivo, cabe decir que los criterios de investigación para el trastorno depresivo de la personalidad hacen más hincapié en los rasgos cognoscitivos, interpersonales e intrapsíquicos de la personalidad.

El diagnóstico de este trastorno no debe considerarse si los síntomas se explican mejor por la presencia de un trastorno distímico o si sólo aparecen coincidiendo con episodios depresivos mayores.

El trastorno depresivo de la personalidad se diferencia de los rasgos depresivos normales (p. ej., infelicidad, pesimismo, autocrítica e inclinación a sentirse culpable) en el hecho de que el cuadro sintomático es de carácter permanente y provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social o laboral.

La relación entre este trastorno y otros como trastorno depresivo menor, trastorno depresivo breve recidivante y trastorno mixto ansioso-depresivo, así como con otros trastornos de la personalidad, todavía no está clara, pero es probable que puedan solaparse entre ellos.

 

TRASTORNO PASIVO-AGRESIVO DE LA PERSONALIDAD (TRASTORNO NEGATIVISTA DE LA PERSONALIDAD)

Características diagnósticas

La característica esencial de este trastorno es un cuadro permanente de actitudes de oposición y resistencia pasiva ante las demandas adecuadas de rendimiento social y laboral, que se inicia al principio de la edad adulta y se refleja en multitud de contextos. Este patrón de comportamiento no aparece exclusivamente en el transcurso de episodios depresivos mayores y no se explica mejor por la presencia de un trastorno distímico.

Estos individuos acostumbran a mostrarse resentidos, llevan la contraria y se resisten a cumplir las expectativas de rendimiento que los demás depositan en ellos. Esta actitud de oposición suele ponerse de manifiesto en el trabajo, aunque también aparece en las relaciones sociales.

Esta actitud de resistencia se traduce en aplazamientos, descuidos, obstinación e ineficiencia intencionada, sobre todo como respuesta a las tareas que sus jefes les encomiendan.

Estos individuos sabotean los esfuerzos de los demás, ya que no cumplen su parte del trabajo. Por ejemplo, un ejecutivo tiene una reunión al día siguiente, para lo cual encarga la revisión de cierto material a uno de sus subordinados. Éste extraviará o archivará incorrectamente el material en vez de aducir que no ha tenido el tiempo suficiente para revisarlo.

Las personas que presentan este trastorno suelen sentirse estafados, despreciados e incomprendidos, y se pasan todo el día quejándose de los demás. Cuando surge algún problema, lo achacan a los defectos de quienes les rodean. Algunos se muestran huraños, irritables, impacientes, cínicos, escépticos, siempre dados a discutir y a llevar la contraria. Las figuras de autoridad (p. ej., cargos superiores en el trabajo, profesores de escuela, padres o el miembro de la pareja que encarna el papel de padre) suelen convertirse en el origen de su descontento.

Debido a su propensión a llevar la contraria y a exteriorizar abiertamente sus críticas y acusaciones, a la mínima provocación estos individuos hacen una demostración pública de su hostilidad hacia las figuras de autoridad.

También se muestran envidiosos y resentidos hacia los compañeros de trabajo que triunfan o están bien considerados por los altos cargos, y suelen quejarse abiertamente de su mala fortuna. Su visión del futuro es negativa y suelen hacer comentarios del tipo «no vale la pena ser bueno» y «las cosas buenas no duran para siempre». Estos individuos pueden moverse entre dos extremos:

  • o bien lanzan amenazas hostiles hacia quienes consideran el origen de sus problemas,
  • o bien intentan apaciguar los ánimos de estas personas pidiéndoles excusas o asegurándoles que en el futuro trabajarán mejor.

Síntomas y trastornos asociados

Estos individuos acostumbran a mostrarse abiertamente ambivalentes, oscilando indecisos desde un extremo al opuesto.

A veces siguen un camino errático que da lugar a disputas constantes con los demás, para acabar defraudándose a sí mismos.

La dependencia de los otros y la necesidad de autoafirmarse constituyen un conflicto típico de estos individuos, y su falta de autoconfianza es notoria a pesar de su aparente bravuconería.

Para la mayoría de las situaciones prevén el peor de los resultados, incluso en aquellas que parecen ir bien. Esta visión catastrofista de los acontecimientos suele provocar respuestas hostiles y negativas por parte de los demás, hartos de aguantar sus continuas quejas. Este tipo de comportamiento suele verse en individuos con trastornos de la personalidad límite, histriónico, paranoide, dependiente, antisocial y por evitación.

Diagnóstico diferencial

En el DSM-IV los individuos que cumplan estos criterios de investigación serán diagnosticados de trastorno de la personalidad no especificado.

En el trastorno negativista desafiante existe un patrón similar de actitudes de oposición y problemas con las figuras de autoridad, si bien suele diagnosticarse en niños y el trastorno pasivo-agresivo sólo debe diagnosticarse en adultos.

No se ha de establecer el diagnóstico de trastorno pasivo-agresivo de la personalidad si los síntomas se explican mejor por la presencia de un trastorno distímico o si sólo aparecen en el transcurso de episodios depresivos mayores.

Es frecuente encontrar comportamientos de tipo pasivo-agresivo en la vida diaria de las personas normales, sobre todo en las situaciones que se prestan a autoritarismos (p. ej., el trabajo, el ejército, la cárcel), y donde no suelen tener cabida formas de asertividad alternativas.

Sólo cuando estos rasgos de personalidad pasivo-agresivos se muestran inflexibles y desadaptativos y provocan malestar clínicamente significativo o deterioro global de la actividad del individuo, constituyen propiamente un trastorno.

[Consultar criterios de investigación citados al final de la primera referencia]

Referencias: